Violencia en las escuelas, a debate

4 09 2013

• Especialistas resaltan que las instituciones deben apelar al diálogo y a estrategias grupales para atender la agresión • La “tolerancia cero” no funciona, afirman • 

Publicado en Diario Primera Edición (lu 26-8-2013) 

Por Lara Schwieters

POSADAS. Situaciones de violencia entre los estudiantes ocurren cotidianamente en las escuelas. Se manifiestan con actitudes, gritos, golpes, mensajes en las paredes y en las redes sociales, bromas pesadas, complicidad entre un grupo de estudiantes para molestar reiteradamente a otro (bullying), etcétera.

Ante estos casos, muchos adultos señalan que “siempre existió” y que “en mi época los conflictos se arreglaban a la salida”. Por otro lado, se alimentan discursos sociales y mediáticos que vinculan esta violencia a la delincuencia.
Ante casos extremos, docentes, directivos, funcionarios y padres reclaman soluciones inmediatas y tolerancia cero para las agresiones, sin advertir que estos conflictos deben abordarse desde una perspectiva que promueva el diálogo, el consenso, el respeto por el otro y la aceptación de las diferencias -de sectores sociales, rasgos físicos, forma de expresarse, religiones, barrio de procedencia, etcétera. Y se deben trabajar permanentemente, para prevenir estas situaciones, y no sólo actuar cuando llegan a niveles de gravedad extrema, que pongan en riesgo la vida de los jóvenes que se “agarraron” en una pelea.
Aquí compartimos algunas pistas para el abordaje preventivo de la violencia.
Violencia en las escuelas
Carina Kaplan, doctora en Educación por la Universidad de Buenos Aires, docente e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) indicó que hay que hablar de una violencia en las escuelas, no violencia escolar, ya que estos episodios también se generan fuera de la escuela, en la discoteca, en el barrio, en una plaza, etcétera, y luego tienen continuidad en la escuela.
Kaplan afirma que ante un escenario de violencia social, hay algo en la escuela, incluso en las escuelas con altos niveles de violencia, donde los niños y jóvenes pueden encontrar como espacios de diálogo.
De esta manera, como una especie de oasis en el desierto, la escuela aparece como uno de los únicos espacios sociales donde se puede dialogar para desentrañar los factores que llevan al conflicto entre estudiantes.
Estos procesos no son a corto plazo, no se pueden esperar soluciones de una semana a la otra, sino que necesariamente requieren un tiempo de trabajo a través de diferentes estrategias pedagógicas. Y debe realizarse desde una mirada no criminalizante: “La escuela es una institución que ante las formas de criminalización de las infancias y adolescencias, ofrece una mirada pedagógica, es decir, que los coloca en una posición bien distinta: los alumnos son niños, son jóvenes, son sujetos de derecho, no son ‘menores’ ni ‘matones’”, señaló Kaplan.
Tipos de violencia
La israelí Zipora Shechtman, referente internacional en el estudio y tratamiento de las conductas agresivas y violentas, quien recientemente brindó una conferencia sobre el tema en Posadas, explicó que agresión es cualquier tipo de acción o acto con intención de lastimar a alguien. Hay distintos tipos: diferencia la agresión proactiva y la agresión reactiva. La primera es premeditada, por ejemplo, la que ejerce un ladrón, que toma por la fuerza una pertenencia de otro. La agresión reactiva -de reacción- es una respuesta en que uno se pone nervioso y reacciona. Es la que predomina en las escuelas. Puede ser física o verbal.
Otra de las formas de agresión es el bullying, que ocurre cuando una persona quiere demostrar su fuerza ante los demás -y lo hace porque realmente es fuerte o porque es débil y quiere ocultarlo- y se alía con otros para agredir a otra persona.
“Las personas que hacen bullying no son conscientes del daño, pueden lastimar a alguien pese a no tener la intención de hacerlo”, señala.
Que alguien me escuche
Muchos textos pseudocientíficos que se han diseminado en escuelas e institutos de formación docente y proliferan en Internet señalan tips para reconocer a un “matón” que ejerce bullying, como si se pudiera detectar un “gen” de la violencia. Pero la forma violenta de reaccionar no es instintiva, sino aprendida.
Según Kaplan, en muchos casos estas formas de violencia pueden ser un grito desesperado por existir o por mostrar su existencia: los jóvenes apelan a la violencia como modo de ser visibilizados, respetados, tenidos en cuenta, modo de autoafirmarse. “Muchas veces ser violento entre los compañeros aparece como atributo positivo, a veces eso está celebrado por los pares. Entonces hay que desarrollar toda una estrategia pedagógica para demostrar que ser violento no es necesariamente un buen atributo, que podés destacarte por otra cualidad”, indicó Kaplan.
En línea con esta mirada, María Inés Rebollo, directora de la escuela de Comercio 6 señaló a PRIMERA EDICIÓN que “es importante que los jóvenes comprendan que pueden tener otras virtudes que lo legitimen como líder”.
En esta línea, Francisca Franco, directora de la Escuela de Adultos 56, destacó que “los chicos actúan de forma violenta porque así son tratados en sus casas, están excluidos, tienen muchas carencias, sobre todo de afecto. Entonces nuestra forma de trabajar es: a la violencia, responder con afecto, hablándole y escuchando a los chicos”.
Héroes sociales
Mariano Antón, referente local del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), destacó a este matutino que “las situaciones de hostigamiento tienen una matriz de consideración del otro como distinto, se agrede al otro por ser distinto en su aspecto físico, forma de hablar, porque viene de otro barrio, es de otro colegio, estudia mucho, etcétera. Difícilmente se da la agresión entre iguales”.
En relación a los casos de hostigamiento y bullying, señaló que poco a poco se van optimizando los mecanismos. “Antes eran acciones más visibles, ahora están más solapadas. Muchas se dan por las redes sociales. De allí que necesitemos cada vez más la colaboración de esos chicos que están sabiendo que un grupo hostiga a otro chico, lo hagan saber a los docentes, sin por eso ser caracterizados negativamente como ‘buchones’”, dijo. “Más que un buchón, hay que reivindicar esta figura como héroes sociales, porque rompen el silencio y de esa manera permiten que los docentes tomen cartas en el asunto y evitar que el hostigamiento siga”, agregó.
Criminalización de los jóvenes
Hay un discurso estigmatizante de la sociedad que vincula la violencia en las escuelas como un delito (cuanto más bajo es el sector social del estudiantado más se recrudece esta mirada estigmatizante) y muchas veces los docentes también creen este discurso.
Ante casos graves de violencia que son mediatizados como hechos delictivos, haciendo que cunda el pánico a nivel social, los directivos buscan soluciones extremas, de tolerancia cero: así se deciden instalar cámaras de vigilancia en los edificios, pedir presencia policial a la salida de las escuelas, revisar las mochilas para evitar que se ingresen armas o droga, o incorporar mochilas transparentes para imposibilitar que se oculten estos elementos, al menos, dentro de los bolsos.
“Las investigaciones demuestran que la tolerancia cero no funciona, no hay tratamiento. Se usan palabras como ‘luchar contra la agresión’ y se convierten ellos mismos en agresores. La tolerancia cero implica castigo y no hay ningún estudio que demuestre que el castigo sea efectivo”, señala Shechman.
Contrariamente a esta salida, la especialista propone la salud mental, mejorar los climas de las clases. Aquí destaca que en una indagación a estudiantes, ellos mismos señalaron que no les gusta que haya agresión en la clase.
“Necesitamos volver a mirar a los niños como niños, como estudiantes, no como delincuentes”, destacó Kaplan. El trabajo de los psicopedagogos, psicólogos, antropólogos, trabajadores y comunicadores sociales, es decir, de los equipos interdisciplinares de las escuelas, es fundamental para generar estrategias preventivas. Aquí aparece una dificultad: pocas escuelas los tienen. En Misiones hay un gabinete itinerante para atender 1.200 escuelas primarias, lo que hace que los turnos se den a seis meses o más.
Los proyectos colectivos, la clave
Para Kaplan, los jóvenes precisan perspectivas de futuro, un ideal que dé sentido a sus vidas. Las actividades que promueven la socialización colectiva -tanto en actividades curriculares como extracurriculares- cobran gran importancia, de allí que la dinámica de grupos sea una estrategia apropiada para fortalecer los vínculos y lazos sociales entre los jóvenes.
 Deudas pendientes
 Por lo general los docentes no cuentan con información y/o no disponen de tiempo para generar estrategias para actuar ante estos casos de violencia entre estudiantes, como tampoco casos de abuso sexual y violencia familiar. De allí la necesidad de contar con equipos o departamentos de orientación psicopedagógica para acompañar a los docentes.
“Las escuelas quieren tener estos equipos, pero no existe encuadre formal, no hay cargos ni normativa que avale su presencia como parte del plantel”, señaló a PRIMERA EDICIÓN Oscar Rodríguez, presidente del Colegio de Psicopedagogos de Misiones. Cabe señalar que las escuelas que sí cuentan con estos profesionales es porque realizan mejores gestiones o tienen más llegada a supervisores u otros contactos. De cualquier manera, la incorporación al plantel está precarizada, porque los psicopedagogos trabajan bajo un cargo de docente, ya que las horas no contemplan el cargo específico de estos profesionales.
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