“Estamos invitados a una nueva alfabetización: la lectura corporal”

31 05 2012

• La filósofa Josefina Semillán Dartiguelongue brindó una destacada conferencia sobre los cambios culturales y las nuevas formas de comunicación •

DIARIO PRIMERA EDICIÓN. 30.5-2012. Por Lara Schwieters

POSADAS. ¿Cómo convivir en un mundo global interrelacionado? ¿Cómo articular la convivencia entre las generaciones y la nuevas tecnologías? ¿Cómo encontrar la paz hacia el interior de uno mismo como camino a la felicidad? ¿Qué espacio darle a la intuición en un mundo racionalista? Grandes preguntas para estos tiempos.

La reconocida filósofa Josefina Semillán Dartiguelongue, brindó algunas líneas para comenzar a construir respuestas en una conferencia organizada por la Fundación Osde.

Horas antes, en conferencia de prensa, desde un abordaje antroposemiológico, se refirió a la importancia de aprender una comunicación en que los seres humanos “somos palabra”, porque cada cuerpo, el propio y el del otro, comunica eso que la palabra -verbalizada- no dice y que la razón no puede explicar, pero que se percibe desde la intuición, como el temblor de las manos o el tono de voz.

¿En qué consiste esta nueva alfabetización?
“Estamos invitados a una nueva alfabetización, de la lectura del cuerpo, de lo no dicho, que va más allá de leer y escribir, es cómo y desde dónde lo digo. Y se pueden “leer” en las oscilaciones de las palabras, la intermitencia de los silencios, la rojez, el temblor de la piel, la angustia en la mirada, la incertidumbre. Esto es difícil lograrlo porque la mayoría de los sujetos estamos perdiendo el hábito de mirarnos frente a frente. El excesivo tiempo en estado de pantalla es uno de los riesgos del mundo contemporáneo porque perdemos contacto cara a cara con el otro.

Estoy estudiando el fenómeno facebook, y decimos que es un “alarido de soledad”. Ese es un uso paradojal de Internet: nos brinda tantas posibilidades de comunicación y de conexión al instante, pero a la vez  es una forma de soledad en compañía. Y aquí la crítica no es al soporte, es al uso que hacemos de él: cada uno se conecta con el cosmos -los otros usuarios de la red- para dar cuenta de lo que pasa en su vida: “estoy desayunando”, “me compré un pantalón”, “ me voy a la facultad”, etcétera.

En el entorno familiar, la lectura del cuerpo y de la intuición se da por ejemplo en caso de una madre, cuando el hijo llega de bailar a la madrugada, y te dice que está “posta, masa, joya”, pero como madre le vemos los ojos tristes, intuimos que algo pasó y en lugar de ponernos a indagar qué paso, esa indagación que es el natural funcionamiento de la razón, hoy la semiología nos enseña que si hubo riesgo, que uno lo intuye, lo que tengo que preservar es el vínculo. Y entonces en lugar del dato (está) el abrazo, acá está tu mamá, pase lo que pase yo estoy acá. Si intuís peligro, garantizá el vínculo, que la explicación es siempre posterior y seguramente te la van a dar solos, pero por presión, si el otro viene mal, no lo vas a ayudar.

A menudo los prejuicios atentan contra el respeto a la diversidad…
Una invitación a poner en interjuego la diversidad de la opinión es una experiencia intensa, porque uno necesita que el otro esté. Y cuanto más variado es un auditorio, en edades, estilos, formas, más rico es, porque la delicia está en la pluridad y la diversidad.

Si la naturaleza es un canto a la diversidad, ¿cómo puede haber dos personas, dos posturas ante la vida iguales? Es una cerrazón filosófica muy grande esto de querer que pensemos u opinemos todos igual.

Una tarea de largo alcance que solo se logra con una convicción profunda es la deconstitución de los prejuicios. Hablo de deconstituir, para volver a construir, no destruir la diferencia. Analizás tu postura para ver el fondo de absoluto egoísmo y omnipotencia aplicada al juzgar al otro por “diferente”,  porque si uno siente que vale más que otro, y puede juzgarlo, se ha puesto en el lugar de Dios.

¿Y qué se puede aportar a la diversidad desde la educación?
Y el rol de la educación es invitar a la diversidad, el gran horizonte es lograr unidad en la diversidad, porque podés tener una diversidad donde cada uno va por su lado, cada cual con lo suyo, porque se muere la empatía, el vínculo. Y se muere la posibilidad de ser “nosotros”.

“Nosotros”, desde la antropología, es cuando ya no está el tironeo entre el “yo” y el “tú”, sino que para que haya “yo” y haya “tú” tiene que haber “nosotros”, una terceridad. Es la metáfora de la relación padre, madre, hijo: tan es cierto que el hijo viene de padre y madre, como que el hijo es absolutamente él.

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